El Plan de Asfaltado: La Fábula del Alcalde y el mito de la alcaldía

Estamos en campaña, y como de costumbre, ella trae consigo un permanente y colorido arcoiris de opiniones provocadas muchas veces por “políticos” que no comprenden que con las necesidades del pueblo, política no se hace. En Nagua por ejemplo, el pulso por el plan de asfaltado es uno de ellos.

Si escuchaste que un alcalde asfaltó tal o cual calle y lo creíste, no estás haciendo más que ser esclavo de la mentira que otro te hizo creer, y de ese sueño profundo debes despertar ¿En qué capacidad está un alcalde, por ejemplo, como el de Nagua, de poner en marcha un plan millonario de asfaltado si ni siquiera ha podido costear con los propios recursos de la Alcaldía la construcción de la inmensa mayoría de las aceras y contenes de las calles de nuestros barrios, además de prepararlas para ellas ser asfaltadas?

Hace más de cinco años que la Liga Municipal Dominicana y el Ministerio de Obras Públicas, por instrucciones del Poder Ejecutivo, firmaron un pacto que todos conocemos como “Plan Nacional de Asfaltado”, que busca mantener nuestras calles, avenidas y caminos vecinales en condiciones favorables para que el comercio y libre tránsito, se pueda desarrollar sin mayores complicaciones, y si en nuestro pueblo, aún hay alguna de ellas que no han visto a linda, como se diría popularmente, esto se debe a que, quien tenía la responsabilidad de preparar el terreno para que el plan se pusiera en marcha, fracasó en el intento, como en muchos sectores del pueblo de Nagua.

Si en Nagua hoy desde lo alto pudiéramos ver una importante cantidad de barrios y campos asfaltados, ello se debe en mayor medida a los esfuerzos que han hecho las Juntas de Vecinos y la gente en sus respectivos sectores, quienes se propusieron hace años trabajar para construir sus propias aceras y contenes con recursos propios, para que, llegado el momento de poner en marcha el plan del asfalto, ver realizados sus sueños.

Si hoy en Nagua hay calles asfaltadas, el pueblo debe agradecerse a sí mismo por los esfuerzos que a través de las diferentes juntas de vecino se han hecho para que esto sea una realidad, mientras, en lo que a mí respecta, me toca reconocer y valorar los esfuerzos que el Gobernador de esta provincia habría hecho para que el oro negro que por décadas se ha reclamado, aquí se encuentre, así como a otros actores locales, como el caso del dirigente social Joel Veras, quien en una visita de cortesía que le realizara Gonzalo Castillo a su residencia, le solicitara interponer sus buenos oficios para que el presidente de la República y el ministro de Obras Públicas, atendiera el llamado de Nápole Jiminián Almonte.

La fábula del Alcalde y el mito de la alcaldía quedaron desnudadas esta semana, cuando el propio pueblo, en cada comunidad que visitó, le reclamó la arbitrariedad y repudió la amenaza de retirar “sus equipos” y no haber atendido por más de cuatro años las responsabilidades que debía.

Quien ejerce el poder y aspira a mantenerlo, debe ocuparse y preocuparse por rendir cuentas al pueblo y a ese pueblo explicar, por qué no hizo cuando la oportunidad tuvo, antes de volver a prometer lo que ese pueblo sabe ya que en promesas quedará.

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