El mensaje de la salvación no debería ser impuesto, sino compartido.

Hay Iglesias y pastores que cometen graves errores en su tarea de edificar a su feligresía, predicar la palabra del Señor y atraer a quienes viven en las comunidades donde han decidido hacer vida cristiana.

Ciertamente, vivir y compartir la Palabra de Dios es el propósito de Dios para nuestras vidas, pero ese propósito que aclaro, es extensivo incluso para aquellos que dicen no creer en Dios, pero debemos entender que nuestro deseo de hacer su voluntad no puede llevarnos a desconocer que todos tenemos derechos a vivir en paz.

Dios nos dice por medio de Su Palabra en Mateo 16:15: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”, pero ¿Estaremos nosotros interpretando correctamente lo que nuestro Padre Celestial nos ordena en esta porción bíblica?

Debemos reconocer que Dios ha creado al hombre como un ser social: “No es bueno que el hombre esté solo” (Gn 2,18), y en obediencia a este mandato el ser humano, con el pasar de los años, se ha integrado en diversos grupos sociales durante nuestro tiempo aquí en la tierra: familia, amigos, grupos de estudios o trabajo y grupos mayores como son el del barrio, la ciudad, etc.

Reflexionemos en esto… Cuando Dios nos ordena “Id por todo el mundo y predicad el evangelio” ¿Estamos pensando primero en la forma en cómo lo haremos o sencillamente nos lanzamos a hacerlo? En ninguna de sus partes la Biblia, que no es más que la Palabra de Dios, nos habla de levantarnos en contra de la voluntad de nuestra propia gente y obligarlos a leer y/o estudiar la Palabra. Ni siquiera Dios cuando descendió de los cielos obligó a los seres humanos a seguirlos, simplemente caminó por los pueblos, llevó su mensaje, hizo milagros y mostró las bondades de vivir una vida ejemplar, que a miles de años de haber transitado por este mundo, sigue siendo el más alto paradigma de cómo debemos conducirnos.

Quizás en este momento te estarás preguntando el por qué de las cuestionantes expresadas en los párrafos anteriores. La respuesta es simple: El evangelio jamás debe ser utilizado para convertir en calvario la vida de la gente.

Desde la creación de todo lo que hoy existe, las normas siempre han existido, incluso la propia Biblia, palabra de Dios, contiene las reglas básicas a las que deberíamos estar sometidos todos los seres humanos que entregamos nuestra vida a Cristo, y demás está decir que el cumplimiento de ellas favorecen la vida armónica de los Cristianos entre nosotros mismos y la manera en la que no relacionamos con la comunidad.

Es importante conocer las reglas de juego para que todos podamos vivir en armonía en nuestras comunidades y eso es algo que muchas veces pierden de vistas los pastores cuando, sin medir consecuencias de sus acciones, llevan los cultos a espacios abiertos, con bocinas a altos decibeles. Con estas acciones lejos de conducir a las personas a acercarse y entregar su vida a Cristo, lo que provocan es que se alejen del Evangelio de vida.

A partir de este planteamiento vuelvo a preguntarles ¿Estamos cumpliendo correctamente con lo que Dios manda en Mateo 16:15? Citemos su palabra: Así como el cuerpo tiene muchos miembros, y sin embargo es uno, y estos miembros, a pesar de ser muchos, no forman sino un solo cuerpo, así también sucede con Cristo. (…) El cuerpo no se compone de un solo miembro, sino de muchos. (…) Dios ha dispuesto a cada uno de los miembros en el cuerpo, según un plan establecido. Porque si todos fueran un solo miembro ¿dónde estaría el cuerpo? De hecho, hay muchos miembros, pero el cuerpo es uno solo. El ojo no puede decir a la mano: no te necesito. Ni la cabeza a los pies: no tengo necesidad de ustedes. (…) ¿Un miembro sufre? Todos los demás sufren con él. ¿Un miembro es enaltecido? Todos los demás participan de su alegría. (1 Corintios 12,12.14.18-21.26). Entonces ¿Hacemos sufrir a los miembros de nuestra comunidad o no cuando irrumpimos su paz? ¡Creo que Sí! ¿Lo enaltecemos a Él cuando respetamos los derechos al orden y la “paz” que posee todo ciudadano y de manera prudente compartimos Su Palabra? ¡Pienso que Sí!

Ahora bien, lo que nunca debemos perder de vista, como buenos cristianos, es que estamos llamados a llevar el mensaje de Dios a toda lengua y nación, a cada persona de este país, pero sin causar sufrimiento a quienes viven en la cercanía de donde funciona la Iglesia local, quienes en mucho de los casos habitan en esa área territorial incluso desde mucho antes de que la misma se haya instalado. Las comunidades son te todos los que allí habitan, no solo de un grupo limitado, y debemos convivir velando por el respeto mutuo.

¿EL ARREPENTIMIENTO NECESITA SER PROCLAMADO HOY? ¡Por supuesto que Sí! El arrepentimiento debe ser predicado en el nombre de Jesús a todas las naciones (Lucas 24:46-47). Dios llama ahora a los hombres en todo lugar al arrepentimiento (Hechos 26:20). Mientras exista el pecado, ¡El mensaje de arrepentimiento necesita ser proclamado! La gente necesita que se le diga que “cambie su mente” (que se arrepienta), necesitan “convertirse a Dios, y hacer obras dignas de arrepentimiento” (Hechos 26:20; Mateo 3:8), pero el mensaje debe ser llevado de manera prudente, nada debe ser obligatorio, porque nadie debe ser obligado a ser lo que la ley no prohíbe.

La Palabra de Dios debe ser llevada a cada hogar del mundo, sí. Pero esta debe entrar a cada hogar y persona por amor, debe buscar despertar eso que en su corazón lleva guardado, depositado allí por el que habita en los cielos. Si de verdad queremos hacer que la gente comience a vivir la vida como Dios manda, entonces debemos, en primer lugar, respetar a quienes por razones diversas, correctas o no, y en segundo lugar, de forma prudente y con el corazón en las manos, impactar a la gente con nuestro ejemplo de vida, así como hizo Dios cuando descendió del cielo, a través de Jesucristo, para mostrarnos que sus milagros son verdaderos, que él nunca nos desampara y que es el único que nos provee no solo vida, sino además la fortaleza que necesitamos para enfrentar y derribar todo lo que se nos ponga por delante. Al final del camino, permítanme recordarles, más temprano que tarde, los escogidos lograrán entrar al reino de los cielos, y el merito no se lo llevarán quien anuncia el Evangelio de Paz de la manera más estridente y ruidosa.

¡Prediquemos! pero con prudencia y en paz… Invitemos al arrepentimiento, ¡Pero con amor!

 

 

 

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3 thoughts on “El mensaje de la salvación no debería ser impuesto, sino compartido.

    1. Que bueno que te gustara. Compartelo y envíalo a tus amigos. Es tiempo de despertar conciencia, cuando recurrimos a este tipo de practicas alejamos a la gente del Evalangelio.

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